| |
De ruidos y silencio
Sobre "El silenciero" de Antonio Di Benedetto
Elena Bisso
Licenciada en psicología UBA, psicoanalista, cuentista y poeta.
[ Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
1967. Estudia filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado
cuentos en El segundo cuento de la historia de la Humanidad
luego de la participación en la Segunda Bienal de Arte Joven de
la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en 1991. Colaboradora en
el área de literatura de leedor.com. Coordina
talleres de lectura. Ejerce como psicoanalista en instituciones de orientación
comunitaria en el Gran Buenos Aires y Capital Federal de la República
Argentina. ]
--------------------------------------------------------------------------------
Navegar no es sólo
una buena imagen para recorrer Internet. También lo es para explicarnos
ciertos efectos de la lectura que nunca dejan de sorprendernos. Es bien
sabido que no se deja esta tarea cuando uno ha recorrido un texto con
mayor o menor velocidad, pasión o voluntad. Su naturaleza es la
incesante de la producción de significaciones. Navegar es involuntario
y misterioso. Se manifiesta en los vínculos entre los textos leídos
que aparecen como evidencias de un trabajo paralelo en un campo de la
memoria en donde el reino siempre es de palabras. Estos vínculos
entre los textos pueden coincidir o no con influencias de autor en autor,
declaradas o algo comprobables.
. A estos vínculos que no ofrecen ningún esfuerzo los llamaré
ocurrencias, en su acepción de encuentros. Cualquier lector aficionado
podrá vivir esta experiencia si se permite escucharla. Justamente
porque no es en silencio y hay que prestarle oído.
Un texto de Franz
Kafka ha resultado algo prolífico en ocurrencias. Su título
es "Mucho ruido":
"Estoy sentado
en mi pieza, en el cuartel central del ruido de toda la casa. Siento golpear
todas las puertas, los ruidos que éstas hacen me ahorran solamente
oír los pasos de los que se mueven entre ellas, pero todavía
puedo percibir el golpe con que cierran las portezuelas del horno. El
padre se abre paso por la puerta de mi pieza y la atraviesa arrastrando
el salto de cama; en la habitación contigua raspan por dentro la
estufa para quitarle la ceniza; desde el otro extremo del vestíbulo
Valli pregunta, destacando cada palabra, si ya han limpiado el sombrero
del padre; un chistido, que pretende ganarse mi buena voluntad, destaca
aún más el grito de una voz que contesta. Accionan el picaporte
de la puerta de calle, que hace un ruido como de garganta con catarro,
a partir de lo cual se abre con el canto de una voz de mujer, y finalmente
se cierra con un sordo, varonil empujón que suena de la forma más
desconsiderada. El padre ha partido; ahora comienza el ruido más
suave, más difuso, más desesperanzado, que corre por cuenta
de las voces de dos canarios. Ya antes lo estuve pensando, y ahora, al
oír los canarios, se me vuelve a ocurrir: si no debiera entreabrir
un poco la puerta, colarme como una víbora en la pieza de al lado,
y así, desde el piso, pedir a mi hermana y a su niñera que
hagan silencio".
La primera ocurrencia
fue con "Memorias del Subsuelo" de Fedor Dostievski, en la primera
parte, "La ratonera" una imagen se vinculó con la víbora
del texto anterior:
"Lo único que le queda al ratón es encoger sus flacos
hombros y, fingiendo una sonrisa de desprecio, escurrirse ignominiosamente
dentro de su ratonera".
Personajes que se deslizan por el piso de un mundo terrible, la maldad
en Dostoievski y la resignación autohumillante en Kafka. Visiones
del mundo compartidas, uno en la ira y el otro en la tristeza.
La segunda ocurrencia
en relación a este texto de Kafka fue hace muy poco, con "El
Silenciero" de Antonio Di Benedetto. Ambos narradores describen minuciosamente
los ruidos como sentados en el cuartel central de los ruidos de la casa.
El parentesco que en el prólogo de Juan José Saer se le
atribuye a Di Benedetto con Dostoievski y con Kafka, me asombra simplemente
porque este proceso tan poco ruidoso de navegar puede acercarnos a intuiciones
que luego podremos confirmar en la producción de los especialistas.
"Silenciero", neologismo que Di Benedetto utiliza para sintetizar
el oficio imposible de su protagonista, también podría haber
resultado perfectamente adecuado para el texto transcripto de Kafka.
Ambos protagonistas se han embarcado en una tarea imposible, lograr el
silencio. Desde el ruido infinitesimal a un taller mecánico pegado
a la casa, los ruidos domésticos, habrá un ruido de otra
procedencia que no podrán callar.
Hay en Di Benedetto cierta proximidad a Kafka, ese clima de pesadilla.
Y cierto ritmo en su prosa adelantado a su época. Tal vez su relanzamiento
tenga que ver con la actualidad de su ascetismo.
La tarea del "hacedor de silencio" como lo llama Saer, estaría
condenada al fracaso. El silencio absoluto es irrepresentable e imposible
porque su naturaleza radica en la nada. Los personajes de Kafka y Di Benedetto
podrían entregarse como en "Memorias del Subsuelo" a
una presentación terminante: "Soy un hombre enfermo... un
hombre malo". Fantasía maliciosa de silenciar el mundo para
precipitarse en la nada o búsqueda del ser enmascarada en la aspiración
al silencio absoluto.
© Elena Bisso
I LEEDOR.COM, 1999-2002. Todos los derechos reservados.

|
|