| |
K
Carlos Correas
Escritor
[ Profesor de filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Redactó
prólogos para obras de Kafka y Kierkegaard. Autor de la novela
Los reportajes de Félix Chaneton y del ensayo La operación
Massotta. ]
--------------------------------------------------------------------------------
[ Conferencia transcrita publicada en LA CAJA [ núm.
5. Septiembre / Octubre Buenos Aires. Argentina ]
LA VIDA DE KAFKA NO
PUEDE CONSIDERARSE KAFKIANA. CARLOS CORREAS PREFIERE APROPIARSE
DE SU BREVE BIOGRAFÍA A TRAVÉS DE LAS CARTAS A SUS NOVIAS
Y AMIGOS. EN ELLAS SE EVIDENCIAN CATEGORÍAS PASIONALES: EL AMOR,
EL DETALLE, LA SOLEDAD, LA LUCHA, EL DESEO, LA PROSTITUCIÓN, LA
CLARIVIDENCIA Y LA ENAJENACIÓN.
Les
voy a presentar una serie de categorías para nuestra apropiación
de Kafka. Con esto también se constituirá un intento de
mostrarles a ustedes mi itinerario en la frecuentación de Kafka.
La
primera categoría es el amor, y el deseo adosado a él. De
inmediato una pregunta: qué hombre más amable en la historia
de la literatura que Franz Kafka? Yo amo a Kafka, y este amor hacia él
no ocurre sólo a partir de sus obras, sino más bien de su
biografía. El pilar biográfico acerca de Kafka es la biografía
de Max Brod, su amigo personal, su albacea, el que prefirió rescatar
los manuscritos de Kafka antes de la invasión nazi a Checoslovaquia
en vez de rescatar sus propios manuscritos. Max Brod es un factótum
insoslayable en toda biografía acerca de Kafka. Su amigo personal,
amigo también de la familia, es una fuente insoslayable, pero insuficiente.
Por lo menos en la primera edición de su biografía tuvo
que omitir detalles por consideración a los familiares sobrevivientes
de Kafka. La primera edición de su biografía en alemán
es de 1937. Kafka ya había muerto, pero aún vivían
sus hermanas, los cuñados y los sobrinos, que luego morirían
asesinados por los nazis en los campos de concentración. Ya antes
habían muerto los padres de Kafka pero, como dije, aun vivían
sus tres hermanas. Brod suprimió muchos pasajes bastante iracundos
del propio Kafka acerca de su familia. En biografías más
recientes este obstáculo ya no existe. Les recomiendo las biografías
de Klaus Wagenbach, La juventud de Franz Kafka y Franz Kafka. Últimamente
han surgido varios estudios acerca de Kafka, que también tocan
el aspecto biográfico; entre ellos, un estudio muy inspirado de
Elías Canetti, algunas páginas muy sutiles de Walter Benjamin
y un libro de Pietro Citati, del cual hay una traducción inglesa
que sigue un género tradicional, de aparición reciente,
llamado psicobiografía.
A
qué se debe esta profusión, incluso excesiva, de estudios
sobre Kafka? A la edición correlativamente reciente de un texto
inédito de Kafka, las Cartas a Felice, y otra correspondencia de
la época del noviazgo: un título característicamente
alemán, por lo gravoso. Se trata de las cartas a Felice Bauer,
la joven berlinesa con la cual Kafka estuvo de novio durante cinco años;
con la cual se comprometió dos veces, y con la cual dos veces rompió
el compromiso.
Estas
cartas fueron publicadas en castellano en 1978. Recuerden ustedes las
categorías de amor y deseo. La biografía de Brod me hizo
amar a Kafka por los detalles de su vida. Ya lo conocíamos por
sus obras: las primeras traducciones de Kafka al castellano son de la
década del 30. Por lo menos La metamorfosis, que aparentemente
figura como traducción de Borges, es de 1938. El propio Borges,
en reportajes, ha dicho que esa traducción no le pertenece, pero
la Editorial Losada la sigue editando como traducción de Borges.
Hay detalles en la traducción misma que indican que no es el estilo
de Borges. Incluso Borges ha dicho que no le hubiera puesto La metamorfosis;
éste es un mal recuerdo de Ovidio, sino que le hubiera puesto La
transformación.
Max
Brod nos daba los detalles de la vida de Kafka; de la vida de oficina,
de la relación con los padres, de la conversión de Kafka
al vegetarianismo. Con una amiga, Kafka concurre al acuario de Berlín,
se detienen frente a una piscina iluminada, con peces. Y para gran horror
de la dama que lo acompaña, Kafka les dice a los peces: Ahora
os puedo mirar tranquilo, ya no es comeré más. La
dama le cuenta esta anécdota a Max Brod, y éste la registra
en su biografía.
El
detalle de Kafka, el amor y el deseo dirigidos hacia el detalle. Amamos
y deseamos los detalles. El detalle es otra categoría.
Las
cartas a Felice son aproximadamente 500, enviadas durante esos cinco años
de noviazgo. Las cartas de Felice a Kafka se han perdido. Probablemente
Kafka las tiró, o las quemó, o Max Brod no se preocupó
por rescatarlas. Quinientas cartas a través de cinco años
de noviazgo. Al comienzo de la relación, las cartas de Kafka son
muy frecuentes; tanto, que llegan hasta tres por día. Cartas que
llegan, el algunos casos, hasta las 30 páginas. Qué demanda
Kafka en ellas?: demanda detalles. Le dice a Felice: Quiero saciarme
en los detalles, y le pide a ella que le escriba por lo menos una
carta por día y que le dé detalles. Kafka está en
Praga y Felice en Berlín.
Qué
detalles? Kafka trabaja en una compañía de seguros contra
accidentes de trabajo. Felice trabaja también, en la oficina de
una empresa de la cual llegará después a dirigente. Será
una gran y exitosa empresaria. Detalles de la vida familiar de Felice,
sobre todo acerca de la comida de Felice, acerca de su salud, de los compañeros
de trabajo, de los amigos, sobre todo de los amigos intelectuales de Berlín,
acerca de los que Kafka confiesa que está celoso de antemano. Detalles
acerca de qué está haciendo Felice, en el momento en que
recibe sus cartas. Qué estaba haciendo, cómo recibe las
cartas, cómo estaba vestida, si es que estaba vestida; cómo
abre el sobre, cómo extrae el papel de adentro del sobre, cuántas
veces la lee, dónde se ubica para leer la carta, qué hace
después con la carta, cuándo decide contestarla, cómo
está vestida cuando la contesta, cuánto le lleva escribir
la carta, etcétera. Felice no le contesta ni con la frecuencia
ni con los pormenores, con la minuciosidad que le pide Kafka. La relación
en la correspondencia continúa, y llega a un punto en que Kafka
entra en dependencia de sus propias exigencias, y le pide a Felice que,
o se corte la correspondencia, o se interrumpa por un tiempo.
Curioso
procedimiento de Kafka. Ustedes dirán: Es Kafka. Pero
se trata justamente de reflexionar sobre ello. Le manda una carta a Felice
donde comienza diciéndole: Felice, te lo advierto. Te lo
dije ya el otro día: ésta es una de esas cartas que debes
dejar de leer a la tercera o cuarta frase. Ya, Felice, rompe esta carta!
ahora, rómpela!
Curioso
tratamiento del género epistolar, porque, o bien nuestro silencio
es la respuesta cuando nos mandan una carta, o bien no tomamos la iniciativa
de mandar una carta. Pero comenzar una carta intimándole al destinatario
a que la rompa y no la siga leyendo es singular. Cómo interpretar
esto? La carta se ha conservado, lo que significa que Felice no la rompió,
y seguramente si nosotros recibimos una carta con ese encabezamiento,
seguiremos leyéndola, al menos para saber por qué tenemos
que romperla.
Si
obedecemos al mandato, la rompemos, qué contestamos: he roto la
carta, no puedo contestarte más porque ignoro el resto del contenido.
Felice la siguió leyendo. Curioso tratamiento del género
epistolar. Por otra parte, creería Kafka en serio que Felice rompería
la carta? No será tal vez que él le expresaba de alguna
manera que quería romper la correspondencia, y por lo tanto romper
una relación? Un año después de iniciada la correspondencia,
Kafka le propone matrimonio a Felice en una carta muy turbulenta, en la
cual, como si fuera un libro de debe y haber, pone las ganancias y las
pérdidas.
Le
dice: Contigo yo perdería mi soledad. Amor, deseo,
detalle, soledad, ésta es otra categoría para la apropiación
de Kafka. ... soledad que la mayoría de las veces es horrible.
Y en cambio, te ganaría a ti, que eres el ser que más quiero
en la vida. Pero tú, qué perderías?: perderías
tu vida en Berlín, tus amigos, que te son tan queridos, perderían
tu vida placentera, perderían la posibilidad de casarte con un
hombre sano y tener hijos sanos? Y qué ganarías? Me ganarías
a mí. Y yo qué soy?: un hombre infantil, débil, enfermizo,
taciturno, insociable, triste, rígido, y desprovisto de esperanzas.
El matrimonio no se consumó.
Las
cartas prosiguen, ya con un tono más quejumbroso, e incluso Kafka
le dice que esas cartas le quitan tiempo. En un viaje que hace Max Brod
a Berlín, se entrevista con Felice, quien le dice: No sé
por qué, pero el caso es que Franz me escribe bastante, pero sin
embargo, sus cartas no logran tener sentido. No sé de qué
se trata.
Si
leemos en el Diario de Kafka, con respecto a la literatura podemos hallar
frases tales como El deseo de representar mi fantástica vida
interior ha desplazado todo lo demás. Ninguna otra cosa podría
conformarme (...) El mundo prodigioso que tengo en la cabeza.
Pero, cómo liberarlo y liberarme sin destrozarme? Y sin embargo,
preferiría mil veces destrozarme antes que retenerme.
Las
veces en que Felice y Kafka se han encontrado no han sido muy felices
para Kafka, ni siquiera por semejanza fonética. Felice le reprocha
constantemente, por ejemplo, que Kafka lleve su reloj pulsera adelantado
una hora y media durante tres meses. Felice se lo pone en hora. Felice
le reprocha que tenga las uñas afiladas y largas, le pide que se
las corte, que se las lime, que se las limpie. Felice le reprocha errores
en la dicción del alemán, pues Kafka era bilingüe,
checo y alemán; Felice era berlinesa. Felice le reprocha el color
de las corbatas, la falta de elegancia; en fin, podemos decir que Felice
representa la moral del cuidado de sí, y Kafka la del descuido
de sí. Felice le pide a Kafka mesura, y un límite. Kafka
le responde que cualquier límite y mesura en literatura serían
suicidas, él no los puede aceptar, y se debate en lucha entre la
literatura y el casamiento.
Lucha
es otra categoría que agregamos al amor, al deseo, al detalle,
a la soledad. Kafka le ha escrito a Felice: Creo que nadie en el
mundo ha luchado jamás por una mujer como yo he luchado por ti.
Desde el comienzo, siempre cada vez, y quizá para siempre.
Si tomamos el Diario, también leeremos de Kafka: En épocas
de paz no adelantas nada; en épocas de guerra, avanzas desangrándote.
Kafka eligió la época de guerra, y así avanzó.
En
el Diario, refiriéndose a Felice, cuando la conoce en la casa de
Max Brod, el mismo día en que la conoce, en agosto de 1912, escribe
en el Diario acerca de ella: Un rostro vacío que exhibe abiertamente
su vaciedad. Repite esta frase con variantes en el Diario en sus
cinco años de noviazgo. No es una frase aplicable a un rostro amado.
Pero es una excelente muestra del estilo kafkiano. Un rostro lleno de
nada, pero por eso mismo capaz de llenarse con todo el amor de Kafka.
Y como ocurre casi siempre, la consistencia, la integralidad, la vida
propia de Dulcinea del Toboso se cumplen en las alucinaciones y en los
fantasmas de Don Quijote. El nombre real será Aldonza Lorenzo,
la misma que le dice a Max Brod, después de cinco años de
noviazgo y de 500 cartas: No sé de qué se trata.
Y se trata de Kafka.
Un
poco más atemperada será la relación de Kafka con
Milena, la joven checa, de la cual también se han conservado las
Cartas a Milena, y no las cartas de Milena a Kafka, que se han perdido,
o se han roto. En estas cartas encontramos a un Kafka más calmado,
más transido. Con Felice se muestra muy celoso; con Milena, no.
O sí, pero no tan celoso. Precisamente en un momento de la correspondencia
con Milena, ella le dice que él está celoso y que eso la
mortifica, que él lo hace a propósito para mortificarla.
Kafka le responde que él no está celoso, en base a la siguiente
argumentación: El mundo, Milena, es tan diminuto, y tú y
yo somos tan gigantescos, que no hay nadie más. Entonces, de quién
podría estar celoso? Pero más adelante, Kafka se muestra
celoso. Él mismo se lo dice: Pobre Milena!, éste es
el que no era celoso. Ya ves, me vas conociendo.
Soledad
era una de nuestras categorías. En una carta a Brod, Kafka le dice:
Ayer, de pura soledad, me llevé a una prostituta a un hotel.
Era demasiado vieja para seguir siendo melancólica. Y sólo
le apenaba que los hombres no fueran tan cariñosos con las prostitutas
como lo son con sus amantes. Y no la consolé porque ella tampoco
me consoló. Soledad, y búsqueda de las prostitutas.
Las prostitutas no solamente eran buscadas por Kafka y Brod cuando se
iban de viaje, a París, a Suiza, al norte de Italia o a Weimar,
cuando fueron a visitar la casa de Goethe; también en Praga, y
en las calles frecuentadas por las prostitutas. Kafka en ocasiones se
llevaba a una prostituta a un hotel, y en ocasiones simplemente la contemplaba.
Creo que la prostitución habrá de ser también otra
categoría para nuestra concepción de Kafka.
En
cuanto a la prostitución en relación a la soledad, se ha
observado justamente que la relación con figuras femeninas que
aparecen en las obras que Kafka llamaba historias, está hecha como
si las mujeres fueran prostitutas, y que tienen una función respecto
del héroe. En El proceso, Leni, enfermera, enfermerita del abogado
al que debe consultar Josef K., es una suerte de prostituta. Y sobre todo
en El castillo, Frieda, la mesonera. Son mujeres toscas, arrabaleras,
embrutecidas y compulsivas, y, con expresión de Kafka, que
siempre están pensando en los pequeños horrores del momento,
y de las que emana, en la descripción de Kafka, un olor amargo
y excitante, como de pimienta.
Frieda,
desde luego, es Milena. Todos ustedes conocen la importancia de los nombres
propios en Kafka. Hay que descifrarlos. Milena y Frieda. Frieda es Milena;
tienen la misma cantidad de vocales, la misma cantidad de consonantes,
y el orden de las vocales en estos dos nombres es el mismo. Esto fue corroborado
por Brod y por Wagenbach.
Además,
el nombre Frieda evoca paz y quietud; se relaciona con el alemán
Friede: paz y quietud. Y Kafka ya le ha dicho a Milena que ella es fuente
de paz y quietud para él.
Estas
relaciones con mujeres presentadas como prostitutas, constituyen por lo
común para el héroe un obstáculo. Parecen ofrecer
ayuda, pero finalmente constituyen un estorbo, una dificultad, un motivo
de angustia, de desdicha y de frustración para las metas que por
el momento se propone el protagonista. Leni es la enfermerita del abogado,
y por acostarse con Leni, Josef K. pierde la oportunidad de entrevistarse
con el abogado que podría ayudarlo en su proceso. Frieda es la
amante del poderoso señor Klamm. El nombre en alemán es
rígido, estrecho, y evoca deliberadamente
al marido de Milena. Cuando Kafka y Milena se conocen, él tenía
38 años y ella 24. Milena residía en Viena. La correspondencia
es entre Merano, una colonia naturista -a Kafka ya se le ha diagnosticado
la tuberculosis- y Viene, donde reside Milena. El marido de Milena se
llamaba Ernst, palabra que en alemán significa seriedad,
gravedad. Así que se emparenta con el nombre del señor
Klamm, del cual Frieda era servidora. La relación de K en El castillo
con Frieda se realiza en un estado de inconciencia, o de semi-conciencia:
ruedan por el suelo, en donde permanecen horas abrazados. Es una especie
de seducción en lugares extraños. Es precisamente una relación
con prostitutas. Una de las ayudas que busca Josef K en El proceso se
la puede brindar un sacerdote. Josef K se entrevista con el sacerdote,
quien le cuenta la famosa leyenda Ante la Ley, que Kafka retomará
en Un médico rural. Hay variantes en ese capítulo de El
proceso de la leyenda Ante la Ley, y finalmente, el sacerdote
lo despide sin proporcionarle la ayuda que Josef K espera, y el sacerdote
le dice: La justicia nada quiere de ti. Te toma cuando vienes, y
te deja cuando te vas. La justicia es una especie de prostituta.
La
leyenda Ante la Ley es la del campesino que pretende entrar
en la ley, o sea legalizarse, reglamentarse. El campesino pretende entrar
en la ley. Diríamos que ésa es la meta a la que aspiran
todos los protagonistas de las historias de Kafka. Pero hay metas? Sí,
según Kafka hay metas. Según la frase de Kafka en el Diario:
Hay metas; lo que no hay son caminos. Llamamos caminos a nuestras
vacilaciones.
En
1911, Kafka tiene una entrevista con el entonces itinerante teósofo
y antropósofo Rudolph Steiner, que está en Praga dando una
de sus ocasionales conferencias. Kafka se entrevista con Steiner y le
habla contándole sus propias experiencias. Kafka le dice que tiene
momentos en que experimenta una gran clarividencia, en los que se siente
que no sólo llega a los extremos de sí mismo, sino también
a los extremos de la humanidad. Clarividencia será otra categoría
que agregaremos a nuestra comprensión, a nuestra apropiación
de Kafka. Aquí enlazo clarividencia con su opuesto enajenación.
Amor, deseo, detalle; y el amor y el deseo dirigidos en el detalle. Deseamos
los detalles, amamos los detalles; saciar, colmar nuestro deseo en los
detalles. Y lucha, soledad, prostitución, clarividencia y enajenación.
Milena
ha correspondido a esto, a esta clarividencia de Kafka. Se dice que Milena
es la mujer que mejor llegó a conocerlo; se dice que Felice no
lo entendió en absoluto. De todas maneras, algo debe haber entendido
Felice. Luego de la separación definitiva con Kafka, Felice, en
1917, al cabo de un año se casa, tiene hijos, es una exitosa esposa,
una exitosa madre, y una exitosa empresaria. Culmina su carrera de empresaria
justamente vendiendo las 500 cartas que conservó, a un editor neoyorquino
por una corpulenta cantidad de dólares en 1958. Diez años
tardaron los dos redactores, cuidadores, como se dice en alemán,
los preparadores alemanes, en ordenar el material. Muchas cartas no tenían
fecha. Diez años tardaron en preparar para la imprenta esa edición
de las cartas a Felice, y recién en 1968 salen las ediciones inglesa
y alemana, y en 1978, sale la traducción castellana.
Milena,
la mujer que mejor llegó a comprenderlo. También podemos
leer en el Diario la siguiente frase: Si tuviera alguien que me
comprendiera, si tuviera una mujer que me comprendiera, eso sería
tenerlo todo; tener a Dios.
Amor
y deseo por los detalles. Los detalles son lo circunstancial, lo patético.
Son el contenido también. Para quien desee tener una muestra clara
del interjuego entre el deseo y los detalles, puede releer el cuentecillo
Una confusión cotidiana, de una fuerza humorística
irresistible.
Milena
en una carta a Brod le dice: Todos nosotros tenemos, al menos en
apariencia, un refugio en y con el cual protegernos. Sea una mentira,
sea el pesimismo, sea el optimismo, sea una convicción, o cualquier
otra cosa. Pero él (Kafka), no tiene refugio alguno. Vive en el
mayor desamparo. Es tan incapaz de mentir como de emborracharse. Su ascetismo
no tiene nada de heroico, lo que lo hace más grande y elevado.
Todo heroísmo es cobardía y mentira. No es un hombre que
usa su ascetismo como un medio para un fin. No, es un hombre al que su
terrible clarividencia, su pureza y su rechazo de toda impostura lo llevan
al ascetismo.
Kafka
le dice a Brod, hablando de Milena: Es un fuego vivo, como jamás
he visto, pero a la vez, delicadísima, graciosa, y todo lo arroja
en el sacrificio; o mejor dicho, todo lo ha adquirido por medio del sacrificio.
Clarividencia
y enajenación. Leemos en el Diario de Kafka: Nada me falta.
Sólo me falto a mí mismo. Qué falta será
ésta? La falta de ser tal vez? Esta faltancia de sí mismo
será quizás lo que podemos llamar, lo que yo propuse, como
pareja de opuestos de clarividencia-enajenación?
Volvamos
a la lucha, así introducimos otra categoría: el mundo. Con
respecto a la lucha, habíamos dicho que nadie jamás había
luchado por una mujer, como Kafka por Felice; que en épocas de
guerra avanzada desangrándose y en épocas de paz no adelanta
nada. En una reflexión de sus Reflexiones sobre pecado, sufrimiento,
esperanza y el camino verdadero, leemos: En la lucha entre tú
y el mundo, apoya al mundo. También a Felice, en una carta
le dice: Mi obligación sería salir fuera de mí
mismo, unirme a ti, y combatir contra mí. Si en la lucha
entre tú y el mundo, hay que apoyar al mundo, entonces hay que
luchar contra mí mismo. Hagámoslo un poco más complejo,
que creo que lo merece. Es luchar a la vez por y contra el mundo. Kafka
realiza esta lucha a través del lenguaje. Una de las últimas
amistades de Kafka es un joven llamado Gustav Janouch, quien en 1920 tiene
18 años y visita a Kafka en la oficina. Años después
publica un libro de recuerdos titulado Conversaciones con Franz Kafka.
En una de esas conversaciones, Kafka le dice: El lenguaje es nuestra
eterna bienamada; yo, Correas, agrego: no nuestra eterna bienamante.
Y agrego también que el lenguaje es nuestra eterna biendeseada,
aporte mío que probablemente Kafka..., en fin, no sé qué
haría Kafka. Y si tomamos el deseo por los detalles, acá
tendremos entonces un vínculo que nos permite ver desde otra perspectiva,
algo que siempre se ha observado sobre Kafka; la extraordinaria capacidad
de Kafka para verter el detalle; su observación y actualización
del detalle a través de la palabra. El lenguaje es nuestra eterna
bienamada, biendeseada; pero no nuestra eterna amante, ni deseante. Es
un amor no correspondido. Y un deseo que se enrosca, más bien en
crispación, sobre sí mismo.
Acerca
del amor, Kafka ha dicho que es el constante deseo de morir y a la vez
el constante deseo de seguir resistiendo. Como si el amor fuese constituido
por estos dos deseos: el constante deseo de morir, pero que por sí
solo no puede bastar para constituir el amor, sino que es el deseo constante
de morir y a la vez el deseo constante de seguir resistiendo. Esos dos
deseos, íntimamente vinculados, constituyen el amor. Detengámonos
en la categoría del amor; después volveremos a clarividencia
y enajenación. Dice Kafka en el Diario: El gesto de rechazo
que por siempre ha suscitado no es el que se expresa diciendo No
te amo, sino el que se expresa diciendo No puedes amarme por
más que quieras. Solamente puedes amar el amor que sientes por
mí, pero el amor que sientes por mí no te ama.
El rechazo que inspira Kafka, según él, no es el que se
expresa diciendo No te amo, sino que es como si le hubieran
dicho No puedes amarme porque solamente puedes amar el amor que
sientes por mí, pero amor no te ama. Ese amor, entiendo yo,
es el del lenguaje. Es el amor que construye, el amor-verdad por Felice,
que construye o inventa. Y el lenguaje es nuestra eterna bienamada, pero
nuestra eterna bienamada no nos ama. Así es el lenguaje. Es amor.
Pero, qué más fuerte y qué más débil,
y qué más sospechoso que el amor?
Qué
otra función puede tener el lenguaje en esa actualización
que hace Kafka del detalle y del gesto? Y en todos los casos sin perder
el asombro que provoca la extrañeza del estilo kafkiano.
En
la lucha entre tú y el mundo, hay que apoyar al mundo para que
más allá de las apariencias logremos desentrañar
al mundo en lo que el mundo es, como tal. En una famosa declaración
de noviembre de 1917 dice Kafka: Todavía puedo encontrar
una satisfacción momentánea en obras como Un médico
rural. Es un libro dedicado al padre, del que aún no hablamos.
El padre que, como de costumbre completa sus veladas de trabajo jugando
a las cartas con la madre, cuando su hijo le entrega el libro le dice:
Dejálo en la mesita de luz. Seguimos con la declaración
de Kafka: Todavía puedo encontrar una satisfacción
momentánea en obras como Un médico rural, pero felicidad,
sólo podría encontrarla si escribiendo, logro elevar el
mundo hasta lo puro, lo verdadero, lo inmutable. Elevar el mundo
a través de la escritura hacia lo puro, lo verdadero, lo inmutable,
es la meta. No hay caminos lo que llamamos caminos son nuestras
vacilaciones. El mundo tiene máscaras y hay que elevarlo
a través de la literatura a lo puro, lo verdadero, lo inmutable.
Uno de sus aforismo sobre el pecado, el sufrimiento, la esperanza y el
camino verdadero, dice: No es necesario que salgas de tu casa, quédate
en tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera simplemente. Ni siquiera
esperes, quédate totalmente quieto y solo. Entonces el mundo te
ofrecerá desenmascararse ante tí. No puede evitarlo: extasiado,
se retorcerá en tu presencia. Mundo tiene que ser otra categoría
que agregaremos a nuestra lista. El mundo te ofrecerá desenmascararse
ante tí: ésta es la tarea del intelectual, del escritor.
Así lo podemos interpretar en una tentativa.
Clarividencia
y enajenación. Algunas narraciones de Kafka, o algunos momentos
de las narraciones de Kafka, ocurren en un día domingo. Por ejemplo
a Josef K, en El proceso, se lo cita a una audiencia en un tribunal, se
le indica el lugar, pero no el día ni la hora. Así es como
Josef K decide presentarse por su cuenta, y elige un domingo. El tribunal
no es el palacio de justicia; es una casa de inquilinato que está
situada en las afueras de la ciudad, y donde la presumible sala de audiencias
tiene un techo tan bajo que los que van para estar en ella, llevan un
almohadón para no golpearse la cabeza contra el techo. Esta es
una estructura onírica. Ocurre en un día domingo. La condena,
que termina con el suicidio del protagonista, ocurre en un día
domingo. El domingo es un día de pausa, de recogimiento, ideal
para volverse sobre uno mismo. Pero como está comprimido entre
días de trabajo, se hace patente, por lo menos para el domingo
de Kafka, el desorden de la vida interior y el desorden de la vida de
aquel a quien el tiempo no le pertenece: enajenación. Digo, a quien
no le pertenece el tiempo, y no el ser o la vida, etc., porque estamos
hablando de domingo, de días, de períodos de tiempo. Hay
una pesadilla del domingo. Algunos de nosotros la conocemos: vivimos ese
instante de respiro como si fuera una pesadilla. Otra pesadilla relacionada
con la del domingo es la del despertar. Tenemos clarividencia y enajenación,
y el domingo y el despertar. Recuerden conmigo el comienzo de La metamorfosis:
Al despertar, Gregorio Samsa, una mañana, tras un sueño
inquieto, se encontró en su cama, convertido en un monstruoso insecto.
La prosa es muy clara. Jamás encontraremos una palabra rebuscada
o extravagante en Kafka, en absoluto; ni un sólo neologismo. Kafka
trabaja en alemán con palabras vulgares, simples; la estructura,
la sintaxis es cristalina. Algo nos inquieta, desde luego: despertarse
convertido en un monstruoso insecto, pero más profundamente, la
inquietud del despertar: Al despertar, Gregorio Samsa....
La frase sigue, y ese despertar quedó ahí. El despertar:
qué ocurre en ese tránsito entre el sueño y la vigilia?;
como si la realidad del sueño, la realidad onírica se fuera
disolviendo al mismo tiempo que la realidad material o física se
va constituyendo, pero está todavía en fragmentos, que se
superponen, se transponen unos a otros. Son los momentos en que todo es
posible, incluso la metamorfosis. El encontrarse convertidos en un monstruoso
insecto. Qué ocurrirá si damos otra vuelta de tuerca y hablamos
del despertar de un domingo? Entonces tendremos una pesadilla por partida
doble. Los despertares del domingo; momento de horror, que puede desembocar
en el suicidio, como en La condena.
Hemos
compartido frases de Kafka, compartamos ahora un cuento breve: El buitre;
la traducción esta vez sí, es de Borges.
Erase
un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado las botas
y las medias, y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo.
Volaba en círculos inquietos alrededor, y luego proseguía
la obra. Pasó un señor, nos miró un rato, y me preguntó
por qué toleraba yo al buitre.
-
Estoy indefenso -le dije-, vino y comenzó a picotearme. Yo quise
espantarlo, y hasta pensé en torcerle el pescuezo. Pero estos animales
son muy fuertes, y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar
los pies, que ahora están casi hechos pedazos.
-
No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y se acabó
el buitre.
-
Le parece? -Pregunté-, quiere encargarse usted del asunto?
-
Encantado -dijo el señor-; no tengo más que ir a casa a
buscar el fusil, puede usted esperar media hora más?
-
No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido
de dolor; después añadí-: Por favor, pruebe de todos
modos.
-
Bueno -dijo el señor-, voy a apurarme.
El
buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y
había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora
ví que lo había comprendido todo: voló un poco, retrocedió
para lograr el ímpetu necesario y, como un atleta que arroja la
jabalina, encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de
espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que
colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre
irreparablemente se ahogaba.
El
texto es una desgrabación de la conferencia que el autor dió
en el Colegio Argentino de Filosofía (CAF).
© La caja negra, 1993/2002
Ir
al sitio web del Colegio Argentino de Filosofía
|
|