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La
construcción de El proceso “He presentado la obra y me parece
bien lograda. Desde afuera sólo
se ve un gran agujero que en realidad no conduce a ninguna parte
(…) Finalmente me pareció ventajoso dejar este agujero sin rellenar”. La obra, para muchos, era “un gran
agujero”. Pero lo que no podíamos imaginar era que lo que Kafka
había creado era un agujero negro en medio del universo de la
literatura, capaz de atrapar, de absorber, de atraer hacia sí
mismo a todo el que cometía la imprudencia de pasar cerca de él.
Su magnetismo, su fuerza de atracción,
trazada por misterios que la más sesuda crítica ha tratado
de desvelar durante todo el tiempo que ha transcurrido desde que
viera la luz, convertía a El proceso en una obra fascinante. Si el
pensamiento fuese mensurable, podríamos decir que toneladas de
ideas, reflexiones y conclusiones se habían vertido sobre aquel
agujero para tratar de taparlo, llegando incluso a leer lo que
no estaba escrito en ninguna parte de los “fragmentos” de la obra.
Sin embargo, la misma fascinación que producía la novela, siempre
ha despertado las reservas de quienes desconfiaban de la capacidad
de los que se habían encargado de presentar una construcción del
texto que encajase en los parámetros formalmente establecidos
o de darle a lo incompleto la coherencia de lo acabado. Esta suspicacia,
que es perfectamente comprensible (¿quién puede asegurar que está
en el uso de la “verdad” del autor checo?), origina las inacabadas
(e inacabables) investigaciones sobre la obra que pretenden despejar
las dudas sobre su origen, su sentido, el orden de sus capítulos,
etc. Ahora, ocho décadas después de su
primera publicación, Guillermo Sánchez Trujillo nos ha presentado
la obra. El trabajo es el resultado de mucho tiempo de investigación
y hallazgos que le han llevado a presentarnos una verdadera “nueva
edición” de El proceso de Franz Kafka. Y decimos “nueva” literalmente, porque
las conclusiones de su trabajo le permiten, no solamente poner
en solfa lo que hasta el momento se nos ha presentado siempre
con el mazo del dogma, sino que con ellas, con esas conclusiones,
recompone en gran medida el orden de los capítulos de la novela
de Kafka, añade un capítulo obviado hasta el momento y plantea
una inédita forma de entender la novela. El proceso de Sánchez Trujillo supera
en el tiempo al de Josef K. El año que dura la singladura del
oficinista no alcanza al tiempo dedicado por el ensayista colombiano
a la ardua tarea de encontrar en el texto de Kafka, y en lo que
sabíamos de sus circunstancias, las señales que permitieran la
cabal comprensión de lo inacabado. Como en un trabajo arqueológico en
el que los restos dispersos de una construcción o de una pieza
terminan encontrando su lugar probable, Sánchez encuentra en los
“restos literarios” de El proceso las líneas que le permiten trazar
el contorno de la obra. Estas líneas son fundamentalmente dos.
Una: Kafka quería narrar el proceso de rompimiento de su compromiso
matrimonial con Felice Bauer. Dos: Para hacerlo
utiliza Crimen y castigo
de Dostoievski, no ya sólo como fuente de inspiración sino como
fuente de la acción. Y ciertamente los paralelismos que encuentra
Guillermo Sánchez Trujillo entre las dos obras, sobre todo en
la primera parte de la novela de Kafka, son verdaderamente sorprendentes.
Tanto que es imposible ignorarlos. ¿Cabría
pensar que se trata de coincidencias? Difícilmente. El
volumen de las concordancias entre las dos novelas es tal que
no podemos por menos que imaginar a Kafka redactando los primeros
capítulos de El proceso
con un ejemplar de la novela del ruso a su lado. Atribuye Sánchez Trujillo al cansancio
del autor de El proceso
el que en algún capítulo del libro no sea “posible establecer
una correspondencia entre el texto de Kafka y el de Dostoievski”.
Piensa el autor de esta edición que el seguimiento de Crimen y castigo le exigía a Kafka un esfuerzo y una concentración
que en un momento determinado ya no le fue posible mantener. Pero
creemos que no es necesario ir tan lejos para que la teoría del
palimpsesto tenga validez. En esta edición crítica de El proceso, con su amena introducción y
su ingente cuerpo de notas, en los que se desgranan con detalle
las fuentes de Kafka y sus intenciones, Guillermo Sánchez Trujillo
va todavía más allá, dando una nueva vuelta de tuerca sorprendente.
Plantea que Kafka asume su propia vida como un “experimento literario”.
Su hipótesis afirma que fue la lectura de Crimen y castigo la que le sugiere al checo
la posibilidad de generar en su vida privada situaciones semejantes
a algunas de las planteadas en la novela de Dostoievski.
El autor de la edición lo explica así: “Pero lo que hace la obra
de Kafka verdaderamente sui
generis es que la ficción sea antecedente de la realidad,
el hecho de que Kafka haya asumido su vida como un experimento
literario. Lo que hecha a ‘rodar’ la vida y la obra de Kafka es
la ficción, de ahí que él estuviera en lo cierto cuando decía
que su vida era literatura, que él estaba hecho de literatura.”
El nuevo El Proceso que se nos da necesita, de por sí, de un análisis aparte. Una nueva lectura para paladear un nuevo Kafka. Pero el hecho de presentarnos esta obra, un hecho quijotesco en sí mismo, como así parece indicarlo la curiosa introducción a la novela, en la que los títulos de los apartados parecen remitirnos en ocasiones a la novela cervantina (y es que el propio Guillermo Sánchez se sabe un poco Quijote, luchando contra invisibles gigantes), el hecho de presentarnos esta edición, decía, viene a demostrar la validez del ingente trabajo de su editor y a corroborar la enorme vitalidad de la obra de Kafka.
[ ©
Paco Yuste | 2005
]
[ Ficha bibliográfica ] El proceso : Edición crítica (2005) Kafka, Franz Edición, introducción y notas: Sánchez Trujillo, Guillermo Presentación: Spitaletta, Reinaldo Traducción: Londoño Smith, John / Sánchez Trujillo, Guillermo Editor: Universidad Autónoma Latinoamericana (Medellín, Colombia) Descripción: 360p. - 15,5x21 cm Encuadernació: rústica ISBN: 958-33-7636-1 |
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