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Reseña editorial

El proceso : Edición crítica

Franz Kafka

Universidad Autónoma Latinoamericana
(Medellín - 2005)

Edición, introducción y notas: Guillermo Sánchez Trujillo


La construcción de El proceso 

“He presentado la obra y me parece bien lograda. Desde afuera  sólo se ve un gran agujero que en realidad no conduce a ninguna parte (…) Finalmente me pareció ventajoso dejar este agujero sin rellenar”.

Así comenzaba Kafka su relato “La construcción”. ¿Una posible metáfora de su trabajo como escritor? En cualquier caso, un hermoso paralelismo aplicable a su novela El proceso. Como quiera que, desafortunadamente, Kafka nunca pudo (o nunca quiso) “presentarnos la obra”, la tarea quedó en las manos de herederos, léase Brod, en primer lugar, y de la crítica internacional, en segundo.

La obra, para muchos, era “un gran agujero”. Pero lo que no podíamos imaginar era que lo que Kafka había creado era un agujero negro en medio del universo de la literatura, capaz de atrapar, de absorber, de atraer hacia sí mismo a todo el que cometía la imprudencia de pasar cerca de él. Su magnetismo, su fuerza de atracción,  trazada por misterios que la más sesuda crítica ha tratado de desvelar durante todo el tiempo que ha transcurrido desde que viera la luz, convertía a El proceso en una obra fascinante. Si el pensamiento fuese mensurable, podríamos decir que toneladas de ideas, reflexiones y conclusiones se habían vertido sobre aquel agujero para tratar de taparlo, llegando incluso a leer lo que no estaba escrito en ninguna parte de los “fragmentos” de la obra. Sin embargo, la misma fascinación que producía la novela, siempre ha despertado las reservas de quienes desconfiaban de la capacidad de los que se habían encargado de presentar una construcción del texto que encajase en los parámetros formalmente establecidos o de darle a lo incompleto la coherencia de lo acabado. Esta suspicacia, que es perfectamente comprensible (¿quién puede asegurar que está en el uso de la “verdad” del autor checo?), origina las inacabadas (e inacabables) investigaciones sobre la obra que pretenden despejar las dudas sobre su origen, su sentido, el orden de sus capítulos, etc.

Ahora, ocho décadas después de su primera publicación, Guillermo Sánchez Trujillo nos ha presentado la obra. El trabajo es el resultado de mucho tiempo de investigación y hallazgos que le han llevado a presentarnos una verdadera “nueva edición” de El proceso de Franz Kafka. Y decimos “nueva” literalmente, porque las conclusiones de su trabajo le permiten, no solamente poner en solfa lo que hasta el momento se nos ha presentado siempre con el mazo del dogma, sino que con ellas, con esas conclusiones, recompone en gran medida el orden de los capítulos de la novela de Kafka, añade un capítulo obviado hasta el momento y plantea una inédita forma de entender la novela.

El proceso de Sánchez Trujillo supera en el tiempo al de Josef K. El año que dura la singladura del oficinista no alcanza al tiempo dedicado por el ensayista colombiano a la ardua tarea de encontrar en el texto de Kafka, y en lo que sabíamos de sus circunstancias, las señales que permitieran la cabal comprensión de lo inacabado.

Como en un trabajo arqueológico en el que los restos dispersos de una construcción o de una pieza terminan encontrando su lugar probable, Sánchez encuentra en los “restos literarios” de El proceso las líneas que le permiten trazar el contorno de la obra. Estas líneas son fundamentalmente dos. Una: Kafka quería narrar el proceso de rompimiento de su compromiso matrimonial con Felice Bauer. Dos: Para hacerlo utiliza Crimen y castigo de Dostoievski, no ya sólo como fuente de inspiración sino como fuente de la acción. Y ciertamente los paralelismos que encuentra Guillermo Sánchez Trujillo entre las dos obras, sobre todo en la primera parte de la novela de Kafka, son verdaderamente sorprendentes. Tanto que es imposible ignorarlos. ¿Cabría  pensar que se trata de coincidencias? Difícilmente. El volumen de las concordancias entre las dos novelas es tal que no podemos por menos que imaginar a Kafka redactando los primeros capítulos de El proceso con un ejemplar de la novela del ruso a su lado.
Esto desvela, realmente, a un Kafka más escritor aún si cabe de lo que se ha difundido. Su dedicación a otros oficios mientras trataba de sacar adelante sus creaciones hizo que algunos pensasen en él como un “aficionado” dotado de un genio extraordinario. Pero la publicación íntegra de los Diarios comenzó a desvelarnos el taller de Kafka; allí donde prueba, se equivoca y vuelve a intentar; allí donde anota la más mínima idea, la más pequeña semilla que después podrá ser el germen de un relato, de una ficción kafkiana. Y esta imagen de Kafka que nos desvela Sánchez, y que a nadie debería sorprender in extremis puesto que ya el propio Kafka anunció que su novela El desaparecido era una imitación de la obra de Dickens, esta imagen, decía, no hace sino corroborar lo que sólo los grandes creadores son capaces de admitir: que su oficio parte en gran medida de la imitación y que nunca hay una razón para no “tomar prestado” de otros creadores. Al igual que sucede con toda naturalidad en la ciencia o en la medicina, donde los investigadores continúan la labor de sus predecesores o los profesionales aplican los resultados del trabajo de los anteriores, en el oficio literario o en la creación artística, las fuentes no están en una supuesta “imaginación pura” ni tampoco en una elaboración de la realidad. También lo están en el trabajo de otros creadores. Nadie pone en duda el trabajo de los cubistas porque Picasso creara aquel estilo, partiendo a su vez del arte africano tradicional, o tampoco nadie duda de la maestría de Richard Strauss sin admitir con naturalidad que bebía de Wagner. Y esto es, sin más (ni tampoco menos), lo que el ensayista colombiano, con sus investigaciones, ha puesto encima de la mesa.

Atribuye Sánchez Trujillo al cansancio del autor de El proceso el que en algún capítulo del libro no sea “posible establecer una correspondencia entre el texto de Kafka y el de Dostoievski”. Piensa el autor de esta edición que el seguimiento de Crimen y castigo le exigía a Kafka un esfuerzo y una concentración que en un momento determinado ya no le fue posible mantener. Pero creemos que no es necesario ir tan lejos para que la teoría del palimpsesto tenga validez.
Precisamente sosteniendo la idea de un Kafka artesano de su oficio, el de escritor, no podemos obviar que la creación literaria crece y se “desprende” en la mayoría de las ocasiones de las intenciones posibles de su autor para encontrar su propio camino. Esta observación ha sido manifestada en tantas ocasiones por tantísimos autores de méritos reconocidos que prácticamente se ha convertido en un lugar común en las manifestaciones de los que practican el arte de la escritura. De este modo, con toda la seguridad que otorga el propio estudio de Sánchez al respecto de los paralelismos entre las dos importantes novelas, es posible dudar de que Kafka siguiese en todo momento la obra de Dostoievski y es posible intuir a un escritor que, partiendo de un palimpsesto, desarrolla una obra independiente que supera a su inspiradora y aporta un paso de gigante a la literatura universal.

En esta edición crítica de El proceso, con su amena introducción y su ingente cuerpo de notas, en los que se desgranan con detalle las fuentes de Kafka y sus intenciones, Guillermo Sánchez Trujillo va todavía más allá, dando una nueva vuelta de tuerca sorprendente. Plantea que Kafka asume su propia vida como un “experimento literario”. Su hipótesis afirma que fue la lectura de Crimen y castigo la que le sugiere al checo la posibilidad de generar en su vida privada situaciones semejantes a algunas de las planteadas en la novela de Dostoievski. El autor de la edición lo explica así: “Pero lo que hace la obra de Kafka verdaderamente sui generis es que la ficción sea antecedente de la realidad, el hecho de que Kafka haya asumido su vida como un experimento literario. Lo que hecha a ‘rodar’ la vida y la obra de Kafka es la ficción, de ahí que él estuviera en lo cierto cuando decía que su vida era literatura, que él estaba hecho de literatura.”
Kafka era, y es, un personaje de ficción. Lo sabía él al identificarse con sus personajes y lo sabíamos nosotros, sus lectores, como no han dejado de demostrarlo tantas interpretaciones artísticas y tantas ficciones que lo han situado en el papel del protagonista.

El nuevo El Proceso que se nos da necesita, de por sí, de un análisis aparte. Una nueva lectura para paladear un nuevo Kafka. Pero el hecho de presentarnos esta obra, un hecho quijotesco en sí mismo, como así parece indicarlo la curiosa introducción a la novela, en la que los títulos de los apartados parecen remitirnos en ocasiones a la novela cervantina (y es que el propio Guillermo Sánchez se sabe un poco Quijote, luchando contra invisibles gigantes), el hecho de presentarnos esta edición, decía, viene a demostrar la validez del ingente trabajo de su editor y a corroborar la enorme vitalidad de la obra de Kafka.

 

[ © Paco Yuste | 2005 ]






[ Ficha bibliográfica ]

El proceso : Edición crítica (2005)
Kafka, Franz
Edición, introducción y notas: Sánchez Trujillo, Guillermo
Presentación: Spitaletta, Reinaldo
Traducción: Londoño Smith, John / Sánchez Trujillo, Guillermo
Editor: Universidad Autónoma Latinoamericana (Medellín, Colombia)
Descripción: 360p. - 15,5x21 cm
Encuadernació: rústica
ISBN: 958-33-7636-1



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